El reencuentro con Manuel



Hace algún tiempo se puso en contacto conmigo el sobrino de un soldado republicano fallecido en el hospital militar del que fue Campo de Concentración de Deusto. En el correo electrónico que me envió, me decía que le había emocionado encontrar a Manuel en los listados del libro que escribí sobre "Cárceles y Campos de Concentración en Bizkaia 1937-1939", tras una laboriosa investigación que formó parte de mi doctorado y Diploma de de Suficiencia Investigadora o Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Historia Contemporánea.
Él  creía que su tío había sido fusilado con veintipocos años y en mis documentos figuraba que falleció de septicemia en dicho hospital militar, tras llegar allí del frente Aragón. Me agradeció el dato y cuando le dije que estaba enterrado en el cementerio de Derio, me dijo que iría allí a colocarle unas flores.
Hoy he recibido otro correo suyo y he podido verificar que ha cumplido su promesa. Lo demuestra el artículo que él mismo ha escrito "El reencuentro con Manuel", publicado en una revista socio cultural valenciana.
El enlace de dicho artículo es clicar aquí

No obstante, corto y pego aquí el artículo y agradezco que me agradezca (valga la redundancia) mi pequeñísima ayuda en dicho reencuentro y es que a veces, después de tanto tiempo, parece que el trabajo realizado ya no sirve de mucho, que no repara nada, por eso, este tipo de manifestaciones ayudan a seguir adelante en la ardua tarea de investigación.
Lo que importa es que las flores ya están sobre la tumba de Manuel (una fosa común sin identificar, cubierta por la hierba y las flores de primavera que siempre estuvieron sobre ella, las únicas), donde de haber sido las cosas de otra forma, deberían haber estado las de su familia durante estos 85 años.
Brindo por los reencuentros, aunque sean así de tristes y brindo también por Manuel, que fue elegido para vivir en una época mucho más difícil que la nuestra.

El reencuentro con Manuel

Texto R.C. Monfort
Fotografía: Isabel Genovés y Arantxa Carceller
Estas líneas no son únicamente la historia de la familia Monfort-Pastor, sino que también son la crónica de miles de familias que nunca supieron que fue de sus seres queridos durante la guerra civil española. Aunque en este artículo contaré lo sucedido con MANUEL MONFORT PASTOR, ésta también podría ser la historia de muchas mujeres y hombres que lucharon por una España  más Fraternal, más Igualitaria y más Libre.
Todos sabemos, y somos conscientes de ello, que cualquier guerra es una tragedia en sí misma, y nuestra guerra civil no se salvó de esas dosis de dolor. Sin embargo, aunque la guerra fue una catástrofe para el país entero, no menos negros fueron los 40 años de dictadura, que sumieron al país en un sistema de represión, silencio, dolor y falta de libertad. Sin duda la muerte agónica y lenta de toda una sociedad que se vio avacada al ostracismo.
Al finalizar la guerra en abril de 1939, muchas familias comenzaron un proceso doloroso y repleto de amargos silencios; empezaba la búsqueda de los familiares desaparecidos, asesinados… Se iniciaban así los dóndes y porqués de una guerra que jamás tendría que haber sucedido. Pero muchas veces, demasiadas, las preguntas no encontraban respuestas, y ante ese vacío no existía el derecho a un luto, a un humilde entierro, y evidentemente, a recuperar el cuerpo, ya sin vida, de los seres queridos.  No había forma de cerrar las heridas, ni las incertidumbres. Así, el bando vencedor, los ilegítimos, que llegaron al poder, pudieron ocultar durante años lo sucedido en nuestro país, en nuestra tierra, que se llenaba de muertos en las cunetas, cárceles repletas y de campos de concentración a día de hoy olvidados. Tan solo con la llegada de la democracia, aunque de forma muy lenta y tímida, pudimos empezar a saber qué pasó, y dónde yacen aquellos a los que les borraron el nombre…
Manuel, fue uno de muchos, un desaparecido más que por fin hoy puede contar a través de la atenta mirada de Hipatia su historia. MANUEL MONFORT PASTOR  desapareció hace 76 años para su familia, sus padres y hermanos jamás supieron que fue del hijo y hermano. Sin embargo, Manuel, por fin, fue encontrado durante el invierno de 2014-2015, y  por ello, este tributo, homenaje, que su historia merece.
MANUEL MONFORT PASTOR nació el 7 de julio de 1916 en un pueblo de Castellón,  Sarratella. Hijo de Pascual Monfort y Adelaida Pastor, el mayor de tres hijos: Manuel, Concepción y Benjamín. Su vida trascurrió en su pueblo natal, siendo un labrador más, que de vez en cuando viajaba a Francia durante los períodos de vendimia.
Manuel, al igual que gran parte de la sociedad española, fue testigo de nuestra querida España de los años 30, una España pobre, miserable, y con una vida política llena de corrupción y caciquismo, donde la Iglesia también participó. Manuel no tardó  en adquirir una conciencia de clase que le llevaría a defender una sociedad más democrática y equitativa. La instauración de la Segunda República Española trajo aires nuevos, esperanzas renovadas, y el compromiso de hombres y mujeres que abogaban por una España democrática. Por ello, cuando parte del ejército español se alzó en armas contra el Gobierno legítimo de la República, Manuel no dudó en presentarse voluntario para defender la España Constitucional. Así, el 10 de septiembre de 1936 se presentó voluntario en Castellón. Con 20 años le mandaron a defender Madrid,  tras una estancia de año y medio en la capital, participó en la Batalla del Ebro, y en el verano del 38 participó en  la Batalla de Balaguer, que había caída en manos de los golpistas. Durante el invierno de 1938 participó en la defensa de Cataluña, en la línea establecida por los ríos Segre y Noguera Pallaresa.  El 3 de enero de 1939 en la Batalla del Segre fue herido y hecho prisionero por el ejército sublevado, quienes avanzaban posiciones con la ayuda de los ejércitos fascistas de Italia y Alemania.
El 8 de enero de 1939 con 22 años Manuel ingresa en el campo de prisioneros de Zaragoza.  Sin documentación alguna, le toman declaración con el rango de soldado y le abren un proceso sumarísimo urgente. Manuel será culpado por alistarse voluntariamente “al ejército rojo” (según los archivos del juicio), por votar a Izquierda Republicana y participar en la quema de imágenes religiosas de su pueblo. Al alegar que era de Castellón, los informes del proceso se enviaron a dicha ciudad, sin embargo, el preso no viajó con ellos, sino que fue enviado como mano de obra esclava al campo de concentración de Deusto, en Bilbao. Este hecho, evidentemente, impedía la presencia del prisionero en el juicio. Paralelamente, el procedimiento sumarísimo de urgencia contra MANUEL MONFORT PASTOR solicitó la declaración de la Guardia Civil de Albocácer, pueblo más próximo al suyo, quienes alegaron los mismos datos: defender “al gobierno rojo” (no olvidemos, el legítimo), votar a la Izquierda y quemar imágenes religiosas. Asimismo, también se solicitó un informe del Alcalde de su pueblo, por aquel entonces, Antonio Beltrán, y al jefe de la Falange local,  José Beltrán, quienes alegaron las mismas acusaciones: alistarse voluntariamente al ejército del Gobierno “Rojo”, votar a Izquierda Republicana y la quema de imágenes religiosas. Todos estos informes ya estaban enjuiciando a MANUEL MONFORT PASTOR. Según los papeles encontrados del juicio contra Manuel, en 1943 se continuó el proceso con nuevas declaraciones del Alcalde y Jefe Local de la Falange de su pueblo, quienes avivaron más sus acusaciones llegando a tildarlo de “demonio”. Paralelamente, serían llamados a declarar su padre Pascual y su tío Mariano, quienes atestiguaron no saber nada de su paradero, no sabían si el hijo, o sobrino, estaba vivo o muerto. También, se interrogó a su novia  de aquellos años, Montserrat, quien alegó recibir una carta escrita por una enfermera indicándole que MANUEL estaba muy enfermo, pero no recordaba desde dónde ni el paradero de la carta. El 4 de octubre de 1943 el proceso contra Manuel aún continuaba abierto, de hecho ante la imposibilidad de procesarlo POR NO PRESENTARSE EN LOS JUZGADOS lo declararon en REBELDIA. Pero lo que nadie sabía es que por aquellas fechas Manuel ya estaba muerto. Su cuerpo había sido enterrado junto al de muchos otros republicanos en una fosa común en el cementerio de Derio, Bilbao. Jamás se volvió a saber de él… La última pista, esa acusación… en rebeldía…
Tras 76 años de silencio, por fin, pudimos saber que MANUEL fue enviado desde Zaragoza a Bilbao,  ciudad que en aquella época alojó un gran campo de concentración.  Y donde los prisioneros eran utilizados como esclavos en la construcción del Aeropuerto de Sondika,  en las minas que Bilbao tenia y las fábricas que mantenía. Ese traslado de Zaragoza a Bilbao mermó la salud de Manuel. La falta de medicinas (las heridas de guerra nunca fueron bien curadas), de alimentación y el propio viaje, de Zaragoza al campo de concentración de Deusto, durante ese frío mes de enero, sentenció el estado de salud de MANUEL, quien empeoró hasta morir de septicemia el 21 de Febrero de 1939 en el Hospital de Prisioneros de Bilbao, ubicado en la actual Universidad de Deusto La Comercial, que por aquella época fue un gran campo de concentración. MANUEL fue enterrado el 23 de Febrero de 1939 en el Cementerio de Vista Alegre (Bilbao) junto a más hombres, sin una lápida que indicase su nombre.
La historia de MANUEL es igual que la de miles de mujeres y hombre que dieron su vida por una España Fraternal, Igualitaria y Libre, la necesidad de saber qué fue de todos ellos, como la necesidad de rendirles homenaje y poder depositar un ramo de flores en su tumba, es necesaria para que las familias descansen. Los padres de MANUEL, Pascual y Adelaida, murieron sin saber qué fue de su hijo,  al igual que sus hermanos Concepción y Benjamín.
La  necesidad de saber qué fue de MANUEL nunca significó la revancha de la que muchos hablan, y más tendrían que callar, ni abrir heridas, si no dignificar a MANUEL, y no dejarlo en el olvido, porque no es justo que en su pueblo existan placas en las que “Por Dios y por España” se recuerden ciertos nombres,  y que con nombres como el de MANUEL  no existan placas que digan “Por una España mejor y más justa”. Manuel fue un joven que soñaba con un mundo más justo. Para Manuel la llegada de la Segunda República supuso el fin del caciquismo del alcalde, los señores y el cura del pueblo. Pero Manuel jamás se imaginó que sus sueños quedarían cercenados, aniquilados y, que moriría solo, aunque jamás olvidado, en una tierra desconocida.
La bonita Bilbao se ha olvidado, ya en tiempos democráticos, de homenajear a esos caídos que lucharon por la España legítima y democrática. No hay ninguna placa en el Aeropuerto de SONDIKA- BILBAO en la que diga que su construcción fue realizada por prisioneros republicanos de la Guerra Civil, ni ninguna otra placa en la Universidad de Deusto La Comercial, indicando que antiguamente, ese edificio relacionado ahora con la educación, fue un centro de prisioneros de guerra.
No busco abrir heridas, ni revanchas contra los golpistas que causaron  la Guerra Civil: el Duque de Alba, la familia March, los Generales  Franco y Mola, etcétera, ni contra el Alcalde de La Sarratella, ni de su jefe local de la Falange. Solo busco el reconocimiento de aquellos que son silenciados… Durante el Franquismo se crearon monumentos en homenaje a sus caídos, ahí está el valle de los Caídos como claro ejemplo (por cierto, también construido con presos republicanos), o en el mismo cementerio de Derio, en Bilbao, existe un mausoleo, de mármol y cuatro esculturas de soldados, dedicado a los soldados nacionales, muertos durante la guerra  civil. Sin embargo, de los vencidos no se dice nada, tímidas lápidas que recuerdan algunos nombres… pero no a todos…
Tras todos estos años de búsqueda, primero junto a mi madre, y después junto a mi propia familia, mujer e hijas, he podido encontrar a MANUEL MONFORT PASTOR,  al joven de 22 años que sufrió tres años de guerra, con la dureza que representa, y que ahora, sabemos que descansa en el cementerio de Bilbao, en un prado verde, rodeado de arboles, visitado continuamente por los pájaros, y como techo  el hermoso cielo de Bilbao. NO existe ninguna placa que diga quienes yacen allí, tan solo consta en el registro del Cementerio. Manuel duerme en una explanada tranquila. Y es ahí, donde al fin la familia de MANUEL le ha podido  dejar un ramo de flores con  un poco de tierra de su querido pueblo LA SARRATELLA, rindiéndole así un pequeño y emotivo homenaje.
Con este artículo, además, de homenajear a Manuel, al hermano de mi madre y al tío que nunca llegué a conocer, quiero reivindicar la importancia de la Memoria, de la MEMORIA HISTÓRICA, para conocer el pasado, aprender de él y así evitar los mismos errores. No podemos olvidar quiénes somos y de dónde venimos, no buscó abrir heridas ni revanchas… Sé perdonar y sé que no existe ninguna idea ni religión que justifique el asesinato. Yo tan solo quiero revivir ese espíritu que impregnó a muchos jóvenes  como MANUEL, mujeres y hombres, que pensaron que sí era posible una ESPAÑA más fraternal, más igualitaria y más libre. Por ello, aprendamos hoy en 2015 de esa idea que inspiró a MANUEL, y a todos aquellos jóvenes que sufrieron y murieron por una España mejor y más justa.
Sus padres,  mis abuelos  Pascual y Adelaida, sufrieron por no saber que pasó con su hijo MANUEL, murieron sin saber qué sucedió, al igual que sus hermanos, pero al fin, hemos podido averiguar todo lo que les he contado, y cerrar esta historia. A la memoria de MANUEL MONFORT PASTOR, quien nunca fue olvidado.
Por último, en este proceso largo, y difícil, de búsqueda sobre el paradero de Manuel he contado con la colaboración de los archivos militares de Salamanca yÁvila, de la ASOCIACIÓN FORO POR LA MEMORIA DE ARAGÓN, y de Ascensión Badiola Ariztimuño por su libro Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940), donde por fin pudimos dar con el nombre de Manuel. A todos ellos les doy las gracias  y un abrazo fraternal.
Septicemia: Es la presencia de bacterias en la sangre (bacteriemia) que a menudo ocurre con infecciones graves. Esta afección, también conocida como sepsis, es una infección grave y potencialmente mortal que empeora de forma muy rápida
HISTORIAS DE LOS VASCOS

Juanita Mir: la periodista fusilada en 1937 por ser ‘peligrosa socialmente’

El 5 de agosto de 1937 fue fusilada en el cementerio de Derio Juanita Mir, una periodista nacida en Iruñea que siempre rechazó la violencia y la guerra, y que durante la contienda del 36 denunció la crueldad de los sublevados
UN REPORTAJE DE ASCENSIÓN BADIOLA ARIZTIMUÑO FOTOS: SABINO ARANA FUNDAZIOA Y A. BADIOLA - Sábado, 7 de Marzo de 2015 - Actualizado a las 06:03h


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  • Artículo titulado ‘¡Sin hogar!’, uno de los que ‘llevaron’ a su autora al paredón.
  • Sentencia de muerte de Juana Mir.
  • Cementerio de Derio durante la Guerra Civil, donde fue asesinada Juana Mir.
EN el primer tercio del siglo XX fueron pocas las mujeres periodistas y escritoras, si acaso mujeres que redactaron algún artículo en gacetas de izquierda como Dolores Ibarruri, o nacionalistas como Ibone de Unda, que escribió en Gudari, o mujeres antifascistas, que tenían su propio semanario Mujeres e, incluso, la reportera de guerra Cecilia García de Guillarte. Sin embargo, la memoria colectiva desconocía la existencia de una intelectual de su tiempo, rescatada de los sumarísimos que los militares abrieron contra los articulistas de opinión en la pasada Guerra Civil y que ha permanecido en la sombra hasta hoy.
Son pocos los datos que tenemos de su biografía, salvo que Juana Mir García nació en Pamplona y que en los documentos carcelarios y en los del sumarísimo abierto por los militares figura que tenía 32 años en el momento de ser fusilada en 1937.
Juana fue periodista y escritora de cuentos, relatos y teatro, probablemente por influencia de su padre, ya que era hija de Victoriano Mir y Mata, también periodista muy reconocido, quien cuando el 4 de junio de 1899 se creó en Bilbao el primer diario nacionalista, El Correo Vasco (administrado por Luis Arana y con Sabino de censor, editorialista, redactor y accionista), fue nombrado director del mismo. El primer empadronamiento de Juana en Bilbao, sin embargo, no aparece documentado hasta 1910, año en el que figura toda la familia, también sus dos hermanos (Genara y Joaquín) como residentes en la casa Villa Berriz del barrio bilbaino de Iralabarri. A partir de 1915 y hasta la fecha de su fusilamiento, Juana vivió en la calle Euskalduna.
Las primeras referencias literarias que se tienen de ella se remontan a 1923, época en la que era colaboradora de la revista Euskalerriaren Alde hasta 1928 y donde Juana publicaba relatos de tipo costumbrista. También tuvo relación con el Ateneo Navarro de Bilbao, que a principios de 1928 había abierto su biblioteca al público con la celebración de disertaciones sobre el amor a la tierra nativa, y cuyos miembros se solían reunir en la Casa Navarra en 1929 para dar cuenta de su labor social. Por estas fechas Juana participaba en el Ropero Navarro, donde se organizaban festivales para niños y actividades culturales en fechas señaladas, como la de San Fermín. La afición que Juana sentía por el teatro la llevó a actuar en el Ateneo Navarro el 6 de abril de 1929, en la representación de El conflicto de Mercedes, obra dirigida por don Rufo Gómez Bayona.
Ya por estas fechas colaboraba habitualmente en el periódico bilbainoLa Tarde, del grupo editorial del diario Euzkadi, ubicado en la calle Correo nº 17 de la villa. Hasta 1930, y todavía en este año, Juana, que firmaba siempre como Juanita Mir, alternaba poesías a la Virgen del Carmen con narraciones como la publicada con el título Mikel de Etxezar, de corte histórico y con otros artículos sobre asuntos triviales, tales como la aparente frialdad de los bilbainos y bilbainas en asuntos de amor, o sobre la hosquedad de la mujer vizcaina. Su talante antibélico comenzó a reflejarse en los artículos que escribió a partir de este año, como el titulado Sólo fue un sueño, en el que planteaba un mundo idílico sin fronteras, salvoconductos ni guerras. Es probablemente este artículo el primero en el que la Juana periodista comenzó a sembrar opinión en contra de la corrupción del poder y el dinero.
En su tiempo de ocio vemos a Juana asistiendo a las veladas teatrales como las que se organizaron en la Casa Palentina de Bilbao en marzo de 1934, un año de aguda crisis para la industria vizcaina, que culminó en las trágicas huelgas de octubre, época que Juanita Mir aprovechó para hacer crítica social y posicionarse a favor de la paz, dirigiéndose a las mujeres para que demandasen el perdón y la caridad al gobierno ante los dolorosos acontecimientos de aquellos días.
Pocos días después en la misma primera página de La Tarde, que informaba de que Maurice Chevalier había salido ileso de un gravísimo accidente de coche, Juanita manifestó su beligerancia contra la falta de ideales, y denunció que las guerras no eran más que ganancias fabulosas para algunos. A partir de este artículo, se advierte un cambio de tono narrativo con respecto a sus primeros escritos, cuando entre líneas culpa a Europa de provocar la contienda y achaca a la voluntad de las naciones la necesidad de destruir como método para paliar la falta de trabajo provocada por la crisis económica, de ese modo interpretaba ella que después de la guerra quedaría trabajo de sobra para los supervivientes.
‘HEROÍSMO Y SACRIFICIO’ Juana apuraba sus últimos escritos cuando el jueves 18 de septiembre de 1936, Bilbao se llenó de guipuzcoanos que huían de la ocupación sublevada y los periódicos sirvieron de herramienta para publicar en primera página noticias de gente que anunciaba que estaba a salvo en alguna dirección de Bilbao a los familiares no huidos de la ocupación rebelde. El avance bélico era inexorable y la Juanita articulista ya no volvió a escribir apenas de otra cosa que no fuese de la guerra. Ese 18 de septiembre publicó un artículo titulado Heroísmo y sacrificio. En él alababa el patriotismo de los ciudadanos capaces de sacrificar ahorros y joyas para financiar los gastos bélicos, pero daba un paso más allá, en su necesidad de denunciar la contienda, al introducir en su discurso, con bastante discreción, eso sí, un párrafo de tinte pacifista en el que decía literalmente: ¡Cuánta más belleza tendría ese rasgo si en lugar de destinar oro de ese sacrificio colectivo a la adquisición de material guerrero, se hubiera destinado al enriquecimiento de la patria por una justa nivelación del bienestar que alcanzara a todos los ciudadanos! Su aspiración de paz estaba más vigente que nunca en este artículo. Juanita soñaba, como casi todos los ciudadanos de la época, con una vida tranquila que ella nunca iba a poder disfrutar.
En 1937 Juanita logró un apartado para ella sola en la sección tituladaLa mujer escribe, en un año en que las páginas de los periódicos daban prioridad al avance sublevado sobre Bilbao y Juana, que todavía no sospechaba la que se le venía encima, denunció abiertamente la guerra y sus atrocidades. En esos primeros meses delataba con insistencia la barbarie de la contienda.
Hasta los bombardeos de Durango y de Gernika, Juana sólo había escrito sobre la guerra de forma genérica, incluso el 1 de mayo para la fiesta del trabajo escribió: Juremos hoy trabajar para arrancar del corazón del pueblo toda simiente de odio (…) y para que nunca luchen hermanos contra hermanos, de ninguna raza, de ninguna condición. Sin embargo, Juana no sospechó que lo que estaba publicando sería leído por quienes iban a acusarla de adhesión a la rebeldía y escribió sin descanso contra los bombardeos que destruían casas y personas y llenaban las carreteras de desamparados en busca de refugio. A partir de este momento, arremetió contra la crueldad de los militares fascistas y dijo: Son miles de seres los que atestiguan la barbarie del enemigo y que serán en su día los acusadores de sus crímenes inútiles que no logran domeñar el alma altiva de Vasconia y que dejan el ideario que ellos defienden tan sucio y tan bajo. (Artículo titulado Sin hogar). El 5 de mayo, y en referencia a los bombardeos de Durango y Gernika, Juana acusó a los facciosos de su buena relación con Alemania y redactó: Desde el principio de la guerra están demostrando que su barniz de religión no sirve de freno a las apetencias insaciables de su codicia (…) Quieren el suelo de nuestra patria para venderlo a otras naciones a cambio de protección de sus capitales y privilegios.(Artículo Si Durango y Guernica no hablaran tan claramente). El 26 de mayo de 1937 Juanita denunciaba que los rebeldes habían mandado ametrallar las ambulancias de la Cruz Roja y el 28 de mayo puso de manifiesto la crueldad de separar a los padres de sus hijos y achacaba la angustia de la evacuación infantil a la crueldad del bando sublevado. El 17 de junio el diario tuvo que cerrar sus puertas cuando Bilbao estaba a punto de ser ocupado. Fueron días de miedo y espera. Juana fue detenida el 6 de julio de 1937 y entró en la cárcel de Larrinaga para ser juzgada en consejo de guerra el 20 de julio.
Es probable que a esas alturas todavía esperase misericordia, pero los primeros consejos fueron ejemplarizantes y Juana no iba a librarse de ser condenada a muerte. La ejecutaron un mes después por serpropagandista de la subversión rojo-separatista, y por propagar ideas contrarias al Movimiento. Se acusó a Juana de que en los artículos escritos durante el mes de mayo de 1937 “había incitado a seguir la causa rojo-separatista e injuriaba en ellos al Glorioso Ejército, al atribuirle hechos completamente falsos y emplear términos despectivos y calumniosos para la Causa de la Nueva España, al tiempo que también por radio había dado alguna conferencia en el mismo sentido”. Juana había incurrido en un delito de adhesión a la rebelión militar con agravante de peligrosidad social y esa culpa conllevaba la muerte.
EL PAREDÓN El 5 de agosto de 1937 llegó sin ninguna luz para la periodista que al amanecer se situó frente al paredón, junto con otros 14 penados a muerte, todos hombres. Excepto el también periodista Melchor Jaureguizar Hospitaleche, la mayoría de sus compañeros de muerte eran labradores, carpinteros, jornaleros, también un pintor, un marino y un militar, casi todos vizcainos. Juana siempre había escrito en contra de la guerra y cuando los militares dispararon a matar ya no dudó de que ella también había dado en el blanco al hablar de la crueldad del bando enemigo.
Su nombre apareció en prensa una última vez hasta el día de hoy y fue en el periódico Euzkadi de 25 de octubre de 1938. Su director, José Lekaroz, también navarro, que sería poco después confinado en el campo de Gurs, detenido y entregado por los alemanes a los franquistas, quienes lo condenaron a muerte y le conmutaron la pena por cadena perpetua, informaba sobre el fusilamiento de Juana Mir García, en el apartado Fusilatze eta urkamendiak con el siguiente texto: Franco-tarrek fusilatu zituzten iru emazteki, oien artean euskal-neskatila bat (Juanita Mir), eta au, Bilbo-ko ‘La Tarde’ deitu kazetan emaztekien idatz-zaila iskribatu izan zuelako, bertze obenik gabe”. (Los franquistas fusilaron tres mujeres, entre ellas una chica vasca (Juanita Mir), y ésta, sin otra culpa que haber escrito en la sección de mujeres del periódico ‘La Tarde’ de Bilbao).