Noche de reyes Teatro Español & Ur Teatro




Foto del escenario antes de empezar la obra en El teatro Barakaldo.

William Shakespeare es el autor de esta obra, descrita como una celebración pagana divertida y dolorosa sobre el deseo y sus laberintos.

La verson de Álvaro Tato y Helena Pimienta (también directora) trae hasta nuestros días el tipico enredo amoroso con final feliz.

El público se divirtió como lo demostraron los aplausos y las aclamaciones. Hacen mucha falta los finales felices. A fin de cuentas, vamos al teatro para aliviar nuestros pesares con los sufrimientos ajenos y cuando estos se solucionan una oleada de optimismo recorre el patio de butacas como aire fresco. 

Sobre las tablas:: Carmen Del Valle, Rafa Castejón, José Tomé, Victoria Salvador, Patxi Pérez, David Soto Giganto, Haizea Baiges, Sacha Tomé

Nevermore Chevere (teatro) Cuando el mar se dejó de oír o el comienzo de un mundo distópico

 

Nevermore Chevere es una obra de teatro que destripa la pésima gestión realizada con la mayor catástrofe ambiental causada por el ser humano en 2002, el desastre del Prestige. Eso sí, lo hace con un humor sano, inteligente, visual y, sobre todo audible, a partir de la escenificacion sonora de los helicópteros sobrevolando el buque accidentado, de los motores de los barcos que se acercaron al petrolero, de los sonidos de las emisoras de radio, y el del mar, antes del chapapote, antes de que éste dejase de oírse al quedar cubierto por una viscosa y maloliente capa de chapapote a lo largo de varias millas de la costa gallega.

La obra resulta sumamente original tras el uso de estas técnicas cinematográficas de producir sonidos con plásticos, cajas, globos, altavoces, secadores de pelo y otros artilugios que acercan al espectador a la narrativa de la tragedia.


Imagen del teatro Barakaldo


Seis personas en el escenario: Manuel Cortés, Borja Fernández, Mónica García, Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo y Arantza Villar y otras tantas detras de él. 

Un largo aplauso del público para un buen teatro reivindicativo y de crítica política para que nunca mais vuelva a pasar, aunque quizá haya que preguntarse y ¿si volviese a plantearse el problema, volvería a solucionarse tan mal? ¿Aprendimos algo?

 

Un hombre y un perro

En una ocasión, alguien me preguntó: ¿Te imaginas un mundo sin gente? ¿Un mundo solo?

Quien hizo la pregunta, no se refería a un mundo distópico tras un accidente nuclear o un colapso del universo, no. Simplemente, imaginaba un planeta para un perro que baila con la espuma,un buque que aguarda en el mar y un hombre que pasea por la orilla y se baña en silencio. Nada y nadie más. 

Ese alguien habló de un espacio vasto sin confictos, sin abusos ni violencias y yo le rebatí que para qué un atardecer hermoso si nadie puede verlo, o un murmullo de olas que nadie escucha. Desde luego, no serían iguales los veranos sin niños que jueguen en la orilla ni los caminos de arena sin huellas anónimas.

Por eso prefiero imaginar un buque cargado de mercancía que espera su turno para entrar en el puerto y un perro que juega feliz a escapar de las olas y a perseguirlas cuando se retiran y regresan al mar en una danza que nunca cesa y un hombre que disfruta del aire de la mañana y que piensa en las vacaciones y en volver a casa a desayunar café y croissants con su familia después de haber paseado y sacado al perro para que se airee y haga ejercicio.  

Prefiero imaginar la playa vacía en invierno, pero rebosante de voces y de risas en verano. 

Si es por preferir, añadiría que me gustaría un mundo abierto sin fronteras, un espacio vasto sin conflictos ni abusos ni violencias en el que cualquiera pasee despreocupadamente mientras sueña con una vida digna y en paz, aunque para eso, quizá falten muchas olas que, en su eterno ir y venir, acaricien la orilla y otros hombres y otros perros capaces de convertir la soledad en esperanza,la lluvia en agua de sanar y la vida en una fabulosa fiesta que celebrar.

                                                   Ascension Badiola