Atardecer en Senegal 2011


No pude apartar la mirada del movimiento ondulante, parecía avanzar hacia el fuego con el ímpetu del adolescente que descubre al final del camino lo que desea, la cara ardiente, la superficie líquida, la sal pegada al corazón tenso de recuerdos, a los ojos que guardan rostros de sirenas añosas y bergantines forrados de líquenes. No supe comprender cómo debajo de aquella belleza el mundo oscuro impulsaba legiones de seres aterradores desplazándose en las corrientes frías, rebuscando en las simas un canto de burbujas. Arriba brisa marina, abajo, silencio líquido meciendo algas y misterio. No pude dejar de pensar en aquel gran secreto hasta que la masa tenebrosa absorbió la luz y quedó un sólido rumor de olas esperando el nuevo día.

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