Crítica de Teatro. Obra Ilusiones -Teatro Arriaga



La obra Ilusiones, del autor ruso Ivan Viripaev, nos cuenta la historia de dos parejas heterosexsuales casadas y la relación que ha existido durante toda una vida entre sus cuatro componentes, la de los octogenarios (Dani-Sandra y Alberto-Marga), que a lo largo de toda la representación (1 hora 40 minutos) dan vueltas a varios matices de sus respectivas historias entrelazadas y narradas por dos hombres y dos mujeres jóvenes, que interpretan arbitrariamente los papeles de cada uno de los cuatro ancianos, independientemente. He aquí parte de la originalidad de esta escenografía en la que tanto hombres como mujeres no asumen un rol de género, sino que todos hacen de Dani, Sandra, Alberto y Marga. 

Fotografía  obtenida de pagina web Teatro Arriaga Obra Ilusiones


Esta forma de presentación ofrece una narración ágil y divertida, pese a que el texto en sí mismo y la historia global que relata, apenas explica otra cosa que los amores entrelazados entre los cuatro personajes en un intento de hablar de lealtad, infidelidad, pasión, verdad o ilusión.

El director Miguel del Arco y los actores y actrices Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda son los que le dan la gracia al texto, un poco soso, un poco aburrido, un poco superficial aunque pretenda sonar profundo y lo hacen con un leve grado de humor, con ritmo alegre y desenfadado. Entre los cuatro logran una buena interpretación, especialmente, Alejandro Jato y Veronica Ronda (esta última posee una excelente voz hablada y cantada y una excelente dicción, no en vano es profesora de técnica vocal). 

La puesta en escena es buena y algo que me ha gustado es que los actores esperen al público desde el escenario, lo que aporta un toque de innovación pocas veces utilizado en la escenografía de obras clásicas (aunque ya se había visto antes, sobre todo en alguna comedia). La espera hace cómplice al espectador desde el principio, al sentirse gratamente espiado por los actores, mientras estos observan como el patio de butacas se va llenando, cambian de pose, dan unos pasitos de baile, o permanecen de pie como figurines. También el escenario lleno de cachivaches, que no se utilizan en ningún momento de la representación, parece simbolizar todo lo que se acumula a lo largo de una vida plena, ya sea útil o inútil, igual que el amor suficiente o no, recíproco o unilateral, verdadero o pura ilusión. En cuanto al resto del atrezzo: se ofrece un vestuario sencillo, que unido a la cálida iluminación completan una obra intimista en la que los personajes disponen bien del espacio, imprimen un ritmo adecuado para que el espectador permanezca atento, pese al texto, que a mi juicio, resulta poco interesante, tal y como está planteado.
En resumen, y sólo es una opinión de una fiel espectadora de teatro: (De 1 a 10)

Dirección (9) – Ritmo (9) – Texto (5) – Actores y Actrices (8) – Escenografía (7)

                                                     Ascension Badiola (Escritora)

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