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Mostrando entradas de abril, 2014

Fernando de Rojas con acento cubano (Mephisto Teatro)

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Si el teatro es una combinación de discurso, gestos, escenografía, música, sonido y espectáculo, entonces la obra que Mephisto Teatro escenificó ayer sábado en el teatro Barakaldo, era teatro con mayúsculas. Representaron la conocida y ya vista en distintas versiones “Donde hay agravios no hay celos”, una obra de Fernando de Rojas , que como casi todas las de su época (mediados del siglo XVII), contiene un enredo con hombre descendiendo de la balconada de una dama, hija de un noble, cuyo enamorado, don Juan de Alvarado, lo ve y decide entrar en la casa de su suegro como invitado, pero intercambiándose los papeles con su propio criado para no ser reconocido y así poder investigar lo que en ella está pasando, la única forma de comprobar si se está dando un agravio contra su honor o si se trata de simples celos. Hasta este punto todo era previsible ayer, y podría decirse que se trataba una vez más de la típica comedia del Siglo de Oro, vista y revista por los amantes del género, sin em…

Adiós al maestro

Aprendí a leer con estas frases: "...caminaba en tinieblas arrastrando sus densas patas de monarca cautivo a través de los espejos oscuros con calces de terciopelo en la única espuela para que nadie rastreara su estela de aserrín de oro, iba viendo al pasar el mismo mar por las  ventanas, el Caribe en enero, lo contempló sin detenerse veintitrés veces y era  siempre como siempre en enero como una ciénaga florida, se asomó al
aposento de Bendición Alvarado para ver que aún estaban en su puesto la  herencia de toronjil, las jaulas de pájaros muertos, la cama de dolor en que la  madre de la patria sobrellevó su vejez de podredumbre, que pase buena  noche, murmuró, como siempre, aunque nadie le contestaba desde hacía tanto..."

Debo a un amigo de mi padre, quien cuando yo tenía quince años me habló con pasión de un nuevo escritor recién descubierto por él y me trajo un libro, "El otoño del patriarca" y ya en la primera frase comprendí que aquel libro había que leerlo en…